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En los fusiles guerrilleros de las FARC

resisten los pueblos de Nuestra América

León Ernesto Rojo

leonernestorojo@ymail.com

kaosenlared.net

Las FARC son hoy el más alto ejemplo revolucionario en Latinoamérica. Por eso son atacadas y condenadas desde diversos escenarios. Extender la solidaridad con su lucha es más importante que nunca.

Importantes y reconfortantes son las noticias que nos han hecho llegar los compañeros de las FARC en los últimos tiempos, mientras las presiones para que abandonen su lucha crecen en forma descomunal. ¡En el corazón de Colombia las FARC resisten con entereza y dignidad al cúmulo de ataques contra su lucha revolucionaria!

Todos los altos mandos farianos han reiterado su posición inobjetable. Como explicó el Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP (Junio, 2008): “Las FARC surgidas del ataque militar a Marquetalia en 1964 son una respuesta popular legítima a todas las violencias del Estado. Mientras se mantengan las causas políticas, económicas y sociales que la generaron, la lucha armada nunca perderá vigencia. Nos alzamos en armas por la paz con justicia social, y triunfaremos. Habrá nuevo poder, Nueva Colombia, Patria Grande y Socialismo”.

Cada uno de los más importantes dirigentes revolucionarios ratificaron su posición. Así, el nuevo dirigente máximo, Alfonso Cano, afirmó (Junio, 2008): “Continuamos luchando por cumplir todos con los planes aprobados, manteniendo a fondo la práctica de la guerra de guerrillas móviles, incrementando nuestros nexos con la población civil y con el movimiento de masas que resiste la ofensiva del gran capital y de los terratenientes...”

Lo repitió el Comandante Iván Márquez (Julio, 2008): “La lucha armada no está en cuestión. Las causas que la motivaron no se han modificado. Las oligarquías sólo quieren una paz que no toque sus privilegios, que no modifique las injustas estructuras políticas, económicas y sociales que han causado la pobreza pública. La estrategia de dominación de los Estados Unidos ya está trazada y el pretexto es lo de menos. Lo que los gringos quieren es el petróleo de Venezuela, el gas de Bolivia, las riquezas de la Amazonia, y la miseria para nuestros pueblos. Lo que se impone es la articulación de la resistencia a las políticas agresivas del imperio. Quiero recordar que en los fusiles guerrilleros de las FARC resisten los pueblos de Nuestra América”.

Y lo volvieron a afirmar Rodrigo Granda y Jesús Santrich. (julio, 2008): “Queremos dejar bien en claro la posición determinante que seguramente quienes siempre han confiando en nosotros la conocen, y es que empeñaremos nuestras vidas, como en efecto lo estamos haciendo, en no defraudar a quienes creen en las luchas de los pueblos, a quienes como ustedes respaldan la necesidad de la lucha armada en las circunstancias que rodean a los pobres de Colombia, y de otros pueblos pisoteados por la bota militarista y usurera de los yanquis y de sus émulos, acólitos y cómplices en la desbocada rapiña neo colonial”. “...en nombre (...) de cada guerrillero y revolucionario que ha entregado su vida por el sueño de la emancipación., en nombre de los sueños y de cada gota de sangre de los combatientes caídos en Nuestra América por evitar el yugo de los opresores es que juramos que no seremos nosotros quienes arriemos sus espadas, sus lanzas, sus machetes, sus fusiles y sus banderas. No seremos nosotros, NO y mil veces no quienes bajemos las armas de Marulanda, las armas del pueblo, que se han levantado por la emancipación”.

Las FARC sostienen una lucha impostergable

Las causas que han dado lugar a la lucha de la FARC ya han sido ampliamente explicadas por sus combatientes y son conocidas por todos los explotados y oprimidos de un continente como el nuestro, sumido en la pobreza y la dependencia, desbordante de motivos para alzar al puño en lucha por la revolución.

Y la verdad es que, aunque los hombres de Colombia creyeran en la posibilidad de una lucha pacífica para cambiar su realidad, la experiencia les ha confirmado una y otra vez que no hay otra alternativa que la lucha armada. Los 24 sindicalistas asesinados en lo que va del año (más de 2.500 en los últimos 20 años), la tortura a los militantes y guerrilleros presos en las cárceles por su actividad política, las masacres perpetradas contra pueblos enteros por parte de los paramilitares (brazo no legalizado del estado y la clase dominante que lidera incluso el parlamento y las instituciones de la democracia colombiana), la extradición a EEUU de los dirigentes de las FARC como la Comandante Sonia, Simón Trinidad, e Iván Vargas... en fin, cada reacción del Estado colombiano reafirma cada día que el camino que han tomado los guerrilleros de las FARC es el único posible si es que se pretende cambiar algo de esa denigrante realidad.

Al levantarse en armas contra este orden de cosas la guerrilla pone en evidencia toda la perversidad del capitalismo colombiano y su actual gobierno, muestra el grosero enriquecimiento millonario por parte de un grupo de parásitos a costa de la creciente pobreza y pauperización del pueblo, evidencia la podredumbre de una clase media que decide no ver el precio de su “comodidad” (pagado en miseria y sangre por la gran masa trabajadora y campesina del país), deja al desnudo los circuitos de la corrupción, el narcotráfico y el paramilitarismo que sostienen la fortuna de esos pocos privilegiados y buscan aplacar el levantamiento de los humildes y explotados.

Frente a la evidencia de la podredumbre estatal y de que las FARC marcan un camino de lucha para el conjunto de los trabajadores y el pueblo, el régimen colombiano apela a los más aberrantes métodos del terror para sostener su poder y aniquilar a quienes lo cuestionan. La saña de Uribe está sostenida, como es ampliamente sabido, por el millonario financiamiento de EEUU y su plan Colombia, que incluye la intervención directa de los yanquis con sus asesores, su maquinaria y su entrenamiento, a lo que debe sumarse el aporte de otros países imperialistas como sucede con los servicios de inteligencia de Israel o el Estado francés.

En este marco y a partir de algunos sucesos circunstanciales, los últimos meses plantearon un momento difícil para las FARC, luego de la muerte de su máximo dirigente Manuel Marulanda Vélez, el asesinato de los Comandantes Raúl Reyes e Iván Ríos, y el revés que significó la recuperación de la libertad de los tres mercenarios yanquis, la dirigente política (ahora “amiga” de Uribe) Ingrid Betancourt y una quincena de militares y policías (todos asesinos a sueldo del Estado colombiano) sin que hayan sido liberados los más de 500 guerrilleros presos en Colombia y los jefes de las FARC extraditados en EEUU.

Y aún así, golpeadas por un revés coyuntural y enfrentadas a la espectacular maquinaria de muerte que ha montado el imperialismo en Colombia, las FARC han respondido con un renovado grito de guerra por la revolución. “Estamos en una confrontación –decían Granda y Santrich- que no ha de cesar mientras no se acabe con las profundas causas sociales que la engendraron o se instaure un nuevo poder que establezca la justicia social”. Y remataban: “preferimos (...) partir entre humo y metralla, una muerte en combate, que una claudicación del pensamiento, porque también nosotros creemos en que la ley primera debe ser "el culto a la dignidad plena del hombre" y actuamos con la máxima de que "Al acero responda el acero, y la amistad a la amistad", según lo expresara el Apóstol de las Antillas, pues a nosotros también se nos ha enseñado lo que pensaba el Titán de Bronce en cuanto a que "la libertad no se mendiga sino que se conquista con el filo del machete." o aquello que decía el Che en cuanto a que "en una revolución se triunfa o se muere si ésta es verdadera".”

El “progresismo” reclama la rendición de las FARC

Pero como si fueran pocos los dispositivos impulsados para conseguir que las FARC abandonen la lucha contra el régimen de explotación y opresión colombiano, junto a los millones y millones de dólares norteamericanos, junto a las bases militares, entrenamientos, asesores yanquis, agentes del Mosad israelí, gestores franceses, políticos y empresarios colombianos... junto a todos ellos un nuevo foco de presión quizás aún más peligroso se ha consolidado últimamente y hasta ha llegado a la primera plana de los diarios del mundo.

Tanto Fidel Castro en Cuba como Hugo Chávez en Venezuela, al igual que lo han hecho Rafael Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia, salieron a condenar la lucha de la guerrilla colombiana y sus métodos (que es lo mismo), responsabilizando incluso a las FARC por las incursiones militares norteamericanas y las atrocidades cometidas por el gobierno paramilitar de Uribe. Son declaraciones políticas de primerísimo orden porque con ellas se convoca a dejar en soledad a las FARC, cuando no se llama directamente a condenar su lucha revolucionaria. Y el hecho es gravísimo (aunque no sorprendente) porque estos presidentes y dirigentes políticos son reconocidos y escuchados por numerosas organizaciones populares de sus países y del continente, con lo cual amplifican la propaganda imperialista contra los revolucionarios de las FARC, extendiendo el aislamiento y la condena de la acción revolucionaria más heroica que existe en estos momentos en América Latina.

Uno a uno estos dirigentes salieron a atacar a la guerrilla más antigua de América. Así, tras el “rescate” trucho de Betancout y los demás prisioneros canjeables de las FARC, Rafael Correa festejó: "Que mal que han quedado las FARC” y ya que estaba les echó la culpa de la existencia del gobierno proyanqui colombiano: “Saben quiénes son los mejores apoyos, las mejores bases para Uribe: las FARC”. Como si no fuera aún suficiente, el presidente de Ecuador (que manipula la figura del “Guerrillero Heroico” y Comandante Che Guevara intentando mostrarlo como un “romántico” no guerrillero) quiso “avergonzar” a la guerrilla en nombre del Che: “es injustificable lo que hace” dijo, “Si el Che Guevara estuviera vivo, se moriría de vergüenza”. Esto mismo había hecho hace poco Evo Morales, quien usó justamente el aniversario de la muerte del Che Guevara en octubre pasado para reclamar la rendición de la guerrilla: “no son tiempos para levantar las armas. ¡Qué bueno sería que las FARC de Colombia dejen las armas y, así como nuestros países, [hagan] una revolución democrática y cultural!”.

De todas formas el impacto más grande contra las FARC ha sido la condena abierta de Fidel Castro y Hugo Chávez a la lucha de los guerrilleros y sus métodos para la liberación de los presos políticos encarcelados en Colombia y extraditados a EEUU. Ambos han callado frente a las inmundas condiciones de detención de los más de 500 guerrilleros presos que son reclamados por las FARC, y ambos se han mantenido en silencio también mientras EEUU se atribuye el derecho de juzgar y tiene en sus cárceles a tres dirigentes revolucionarios colombianos como Sonia, Simón e Iván (¡del mismo modo que tiene presos a los cinco héroes cubanos!). Ambos han “festejado” la liberación de un grupo de prisioneros de guerra en manos de las FARC que, junto a Betancourt y la quincena de torturadores a sueldo del estado colombiano, incluye a 3 mercenarios yanquis (¡los mismos que atentaron mil veces contra Cuba!, ¡los mismos que impulsaron el golpe en Venezuela!).

A su vez ambos han condenado falsamente a las FARC por ser supuestamente “crueles” con sus prisioneros de guerra, cuando –como pudo ratificarse tras su liberación-, éstos contaron con todos los cuidados humanitarios, lo que permitió que aún habiendo estado detenidos en las durísimas condiciones de la selva, su estado de salud se haya evidenciado muy bueno. Y también ambos están condenado a largos años de cárcel y extradición a los guerrilleros farianos presos al reclamarle a las FARC que abandonen los únicos métodos que hoy tienen para conseguir la liberación de sus compañeros por medio del canje de prisioneros. Es lo que hace Fidel Castro cuando condena a las FARC por “los métodos objetivamente crueles del secuestro y la retención de prisioneros en las condiciones de la selva” y les reclama “poner en libertad a los secuestrados y prisioneros que aún estén en su poder, sin condición alguna”. Es lo que hace Chávez cuando afirma que “llegó la hora de que las FARC liberen a todos lo que tienen en la montaña” y condenando a una larga reclusión a los presos políticos de la resistencia colombiana remata: “sería un gran gesto, a cambio de nada”.

De esta forma, tanto Fidel Castro como Hugo Chávez piden “un capitulo de paz para Colombia”, sólo que cuestionando a un solo bando de esta “guerra” desigual... y es el lado del pueblo. Porque ninguno ha hecho el más mínimo comentario sobre el carácter asesino del gobierno de Uribe, el que está matando a dirigentes políticos todas las semanas, el que en este momento está torturando a los luchadores en sus cárceles, el que está desplazando a pueblos enteros con su política de terror militar y paramilitar... Así, olvidan el “detalle” nada menor de la responsabilidad de un estado terrorista que utiliza la masacre, la persecución, la tortura, el asesinato, la cárcel y la extradición para sostener los privilegios de unos pocos... y mientras tanto Fidel Castro y Hugo Chávez le piden a las FARC que vayan hacia la paz... “a cambio de nada”.

Hoy Fukuyama habla por boca de los líderes “progresistas”

Si hay un discurso que invita a la derrota y el sometimiento es el que Fukuyama y tantos otros (comúnmente catalogados como “neoliberales”) repitieron hasta el cansancio en los años 90, felices por el triunfo que el capitalismo había obtenido con la caída del muro de Berlín y la plena restauración capitalista de la URSS. Dijeron entonces que la lucha revolucionaria contra el sistema y por una nueva sociedad era algo de los 70. Y pretendieron decretar con ello la inmortalidad del capitalismo y el fin de la lucha armada, a la que a partir de ahora han rebautizado “terrorismo”.

Y no sólo son hijos de esta “filosofía de la derrota” aquellos que se integraron de lleno en los circuitos del sistema, pisando cabezas para escalar en el mundo de la eterna competencia. También lo son quienes decidieron resignar para un futuro incierto y lejano la posibilidad de una transformación revolucionaria que termine con la explotación de los trabajadores latinoamericanos. Esos que junto a Fukuyama y los “neoliberales” repiten que los de ahora “son otros tiempos”, y que convocan entonces (en nombre del “socialismo”, la “revolución” y otras grandes palabras) a continuar con el capitalismo, a sostener la paz entre las clases, en una palabra, a la resignación y el abandono de los pobres y explotados del continente.

Hoy Fidel Castro, dirigente de una revolución que se propuso construir el socialismo convoca ahora a seguir “nuevas vías en las complejas y especiales circunstancias actuales, después del hundimiento de la URSS”. Es lo que repite Evo Morales, llamando a la docilidad de los explotados: “tal vez antes los pueblos levantaban armas contra el imperio, ahora estamos viendo que el imperio levanta armas contra los pueblos. Pido no entrar al juego del imperio levantando las armas”. “Ahora, estamos en otros tiempos, se acabaron las dictaduras y deben acabarse también las guerrillas contra el imperio, estamos en época de conciencias y, en base a la conciencia, hacer transformaciones pacíficas y democráticas” Aún más claro es Hugo Chávez, quien considera que la revolución era de otros tiempos y que "a estas alturas está fuera de orden un movimiento guerrillero armado. Eso hay que decírselo a las FARC”, “la guerra de guerrillas pasó a la historia”.

Peor aún, Chávez, el mismo que se cree con derecho de criticar a la guerrilla más antigua de este continente, el mismo que se considera “amigo” y “hermano” del presidente narcoparamilitar de Colombia, Álvaro Uribe (cabeza de playa de los EEUU en el continente), no conforme con eso Chávez acusa a las FARC de darle excusas a EEUU para su política guerrerista afirmando que“el día que se haga la paz en Colombia se acabó la excusa en el imperio, la principal que tienen, el terrorismo”. ¡Como si los yanquis necesitaran excusas, acá , en Irak, en Colombia en Venezuela o donde sea! ¡Como si no fueran las FARC, junto al pueblo cubano que ha resistido a la invasión por casi 50 años, el mayor ejemplo de lucha antiimperialista que se sostiene en nuestros tiempos!

Tan bien les ha venido a los yanquis estas graves declaraciones que hasta el candidato republicano recogió el guante que le dejó el presidente de Venezuela, afirmando que “esperaba que las FARC aceptacen el consejo de Chávez de desarmarse”.

¡No pongamos a las FARC a los pies de los caballos!

La frase la tomé de un artículo escrito por un activista cubano y es la clave de este momento. Es un reclamo fundamental en esta hora difícil para los compañeros de las FARC que están entregando alma y cuerpo en una lucha ejemplar para todos los que buscamos un nuevo rumbo en nuestra América Latina. El problema es que hoy por hoy eso significa asumir que hay quienes están meando fuera del tarro y la cosa se está poniendo cada vez más jodida.

Una cosa sería como se dice por ahí,“respetar que cada uno tenga su estrategia”. Eso implicaría que mientras los compañeros colombiano luchan por el poder con las armas en la mano (despuésde constatar en carne propia y en base a miles de muertos que no hay otra posibilidad), otros “hacen su experiencia”, buscando cambiar el mundo con la pipa de la paz y con las herramientas de la democracia capitalista. No entraré en tema ahora, aunque dejo aclarado que no es para nada inofensivo convocar al pueblo a hacer una revolución imposible y tenerlo ahí años y años soñando con un futuro que no podrá darse si no hay organización y combate contra el capitalismo. Pero si esto es un asunto serio, ni que hablar entonces de lo que está pasando ahora: los más importantes referentes de toda una corriente política internacional donde entran Fidel Castro, Hugo Chávez, Evo Morales y otros más, son hoy los voceros de la condena a la lucha revolucionara en Colombia, lo cual ya es muchísimo más grave, y temo advertir: no tendrá vuelta atrás.

Hay muchos compañeros, como bien lo resaltan Granda y Santrich, que en este momento difícil no se han dejado llevar por la avalancha condenatoria, y han asumido una valiosa defensa de los revolucionarios farianos. Así es y debe ser. Pero no es justo hacer eso y al mismo tiempo salir a justificar a los voceros de tan grave condena que tiene la responsabilidad de estar influyendo sobre muchos activistas honestos para que quiten su apoyo a la guerrilla.

Eso es lo que hizo Petras en su artículo “El Presidente Chávez y las FARC: Estado y Revolución” donde trata de justificar la condena de Chávez contra los revolucionarios farianos... aunque no logra hacerlo. En ese artículo Petras descontextualiza ciertas posiciones de Lenin con la intención de asimilarlas a las posiciones que Chávez sostiene contra los revolucionarios colombianos. Igual de forzado es su intento por hacer una ley común para el conjunto de los que él llama “revolucionarios” donde hay tanto enemigos de la revolución como Stalin, o grandes dirigentes como Lenin... y entre ellos se ubica a Chávez quien nunca enfrentó a la burguesía ni encabezó una revolución. De todas formas, lo importante del asunto es que con artículos como el de Petras lo que se intenta es sostener una posición que cada día se vuelve más insostenible: defender a las FARC y la lucha armada revolucionaria de Colombia y el proyecto de toma del poder del Estado y al mismo tiempo defender los planteos de dirigentes que, como Chávez, hoy son declarados enemigos de la guerrilla colombiana y están haciendo un llamado público para combatir su lucha.

En este marco entran también las consideraciones de militantes que muy valientemente han levantado su voz junto a las FARC pero que intentan quitar a Fidel Castro la responsabilidad de sus propias palabras. Así por ejemplo Narciso Isa Conde en su artículo “Colombia al revés”, considera que aunque Fidel Castro condene los “métodos” de las FARC, no critique a Uribe y haga una convocatoria a la paz, sus palabras no son contraproducentes porque el dirigente cubanotambién ha dicho que no está “sugiriendo a nadie que deponga las armas”, lo que mostraría que Fidel Castro es “alguien que sabe medir el ambiente que pueden generar sus palabras”. Olvida -eso sí- el peso de un dirigente que al menos desde el año 1997 viene reiterando que ya no es tiempo de revoluciones violentas y que es momento de tomar “nuevas vías”.

Es algo similar a lo que hace Celia Hart, quien como militante cubana sabe muy bien lo importante que es la lucha revolucionaria y lo grave que es la condena y el aislamiento, y a quien -por eso mismo- le causan “profundo dolor” las condenas de Fidel Castro a las FARC y sus métodos guerrilleros. Pero en su artículo “Las FARC hoy más que nunca” Celia Hart muestra a flor de piel esa contradicción de quien sin negar su apoyo a las FARC quiere acompañar a quienes hoy las condena abiertamente. Así, esta valiosa militante cubana afirma que “no quiere” ni “repetir” ni “comentar” las posiciones de Fidel Castro sobre las FARC; y espera (casi “sueña”) que todo sea un gran error, o que haya razones profundas y ocultas aún desconocidas que den razón a esta condena que a simple vista no deja de mostrarse como un llamado al abandono y el aislamiento de los guerrilleros revolucionarios. Por eso dice Hart: “mejor darle un minuto al tiempo si es que el tiempo usa reloj, a ver si entendemos estas críticas a un revolucionario como Tirofijo, incluso recién fallecido, por el guerrillero más "viejo" de la historia y el mejor revolucionario que vive. Entonces tendremos que leer mil veces las reflexiones de Fidel; lo que dicen entre líneas, pues quiero pensar y sobre todo creer, y más que creer, sentir, que algo más que criticar a las FARC y a Manuel Marulanda está entre ellas”.

El problema es que “queriendo creer y sentir” que Fidel Castro o Chávez no han dicho lo que han dicho será muy difícil asumir la tarea de tomar posición por las FARC y los métodos de la revolución, aún contra sus detractores y no haciendo de cuenta que éstos no han dicho nada, o que no han llegado a entenderse sus palabras. El culto a la personalidad es una cosa muy peligrosa y el criterio crítico nos impone ser serios a la hora de analizar si estas posiciones ayudan o traban la revolución latinoamericana. Hoy más que nunca es preciso hacerse carne del llamamiento: “¡Abajo la idolatría!”, sosteniendo la crítica más severa frente a aquellos que están cuestionando la lucha revolucionaria. El seguidismo a una u otra figura (incluso aquellas que en algún momento pudieron jugar un papel importante para la revolución continental) puede ser un obstáculo muy serio para los revolucionarios. Esto lo expresa muy claramente Celia Hart cuando afirma que “ya a los revolucionarios parece que se nos acaban los recursos hoy que hasta Fidel Castro critica el uso de los fusiles”.

Pues bien compañera, si Fidel Castro “critica el uso de los fusiles” y propone “nuevas vías” en las que realmente no creemos, pero Alfonso Cano, Iván Márquez, Rodrigo Granda, Jesús Santrich, la Comandante Sonia, Simón Trinidad, Iván Vargas... y allí delante de todos ellos el Che Guevara, como siempre lo ha estado, nos marcan un camino de revolución, pues ese será el camino que habremos de seguir.

Porque si hay algo en lo que tiene mucha razón Celia Hart es que el camino de la revolución lo señala como nadie el Che Guevara. En mi país, en el suyo, en Colombia y donde sea en este mundo en revolución, el camino que ha marcado el Che es de la lucha hasta las últimas consecuencias por la causa de los explotados.

Muy bien vale la cita que recuerda Celia Hart; dice el Che:

Llevada la discusión al terreno de América, cabe hacerse la pregunta de rigor: ¿Cuáles son los elementos tácticos que deben emplearse para lograr el gran objetivo de la toma del poder en esta parte del mundo? ¿Es posible o no en las condiciones actuales de nuestro continente lograrlo (el poder socialista, se entiende) por vía pacífica?

Nosotros contestamos rotundamente: en la gran mayoría de los casos no es posible. Lo más que se lograría sería la captura formal de la superestructura burguesa del poder, y el tránsito al socialismo de aquel gobierno que, en las condiciones de la legalidad burguesa llega al poder formal, deberá hacerse en medio de una lucha violentísima contra todos los que traten, de una manera u otra, de liquidar su avance hacia nuevas estructuras sociales”.

El camino entonces, que seguiremos forjando cada uno en su lugar, es el de la revolución, el de la única revolución posible, como lo dijo también el Che:

“REVOLUCIÓN SOCIALISTA O CARICATURA DE REVOLUCIÓN”.



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