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Febrero 2014

Modernidad y cosmovisión indígena-originaria

Ramiro Chinchi Plata

Hace algunos días vio la luz pública el diálogo Prada/ Quintanilla sobre el tema de la política, efecto del encuentro entre dos perspectivas intelectuales muy a tono con el proceso histórico de la Bolivia de los últimos años. Sólo con la intención de remarcar algunas aprehensiones, a continuación interesa perfilar la problematización que se encuentra desplegada en las argumentaciones de Raúl Prada Alcoreza y Víctor Hugo Quintanilla Coro.

El problema fundamental del que parte el debate es sobre aquello que hace posible una, pero exclusivamente tematiza sobre la política como posibilidad de descolonización. El problema de fondo es ¿cómo re-pensar la política y cómo re-hacer la política? Dicho de otro modo, ¿o la política es posible en la práctica, al estilo moderno, pero de modo crítico; o la política es posible en la práctica, al estilo indígena y/o de otras culturas, y de modo crítico?

Prada afirma que "la política es un fenómeno de la modernidad, de la expansión de la modernidad y de la formación de los estados modernos. Lo que hay es una lucha descolonizadora de las naciones y pueblos indígenas en el contexto de la crisis de la modernidad"; es decir, opta por una realización de la política moderna pero con sentido crítico, lo cual posibilitaría -tarde o temprano- un proceso descolonizador.

Quintanilla, en cambio, afirma que: "De lo que estamos hablando es de cómo estos pueblos ejercen el poder (político) o Atiy, que es uno de los principios de la cosmovisión andina. A toda política subyace una determinada manera de ejercicio del poder"; señala que la existencia del fenómeno del "ejercicio del poder político" (dicho con categorías modernas), se fundamenta bajo otra concepción de política, una con identidad indígena. El problema de fondo no es si somos o no críticos de la modernidad. Pero el problema tampoco es bajo qué "estilo" desarrollamos una práctica política que posibilite la descolonización.

A nuestro juicio el otro problema más relevante es ¿de qué manera y desde dónde realizamos dicha crítica a la modernidad? Prada piensa que la acción política es "plenamente" una acción moderna, por su constitución histórica-contextual; pero también debe ser una forma de radical o, mejor dicho, una radicalidad de la lucha política, que posibilitaría una descolonización radical: "En este sentido, la política, como lucha, es invención, pues crea, desde el imaginario radical y desde la imaginación radical". En síntesis, Prada formula la política en términos de un "camino" que marca una ruta de descolonización a futuro, desde un pasado y/o paradigmas civilizatorios de las sociedades antiguas y ancestrales, que fundamentan otro horizonte no-moderno, pero sólo realizándolo en un presente (el aquí y ahora), que es un contexto moderno y colonizado.

Empero Quintanilla plantea una política descolonizada, que sirva de instrumento para la realización misma de la descolonización. El intelectual de la nación quechua propone descolonizar la política. De ahí que sea necesario tematizar la concepción de lo que es la política, como uno de los pasos que es necesario para comenzar o proseguir con el proyecto de la descolonización. El debate entre Prada y Quintanilla muestra la tremenda complejidad entre "pensar y hacer" una política que posibilite el proyecto descolonizador. En el fondo está la cuestión del tiempo, pero también la cuestión dela tematización. ¿Será posible in the long run (a lo largo del curso) tematizar lo que es la política (es decir descolonizarla) y, al mismo tiempo, realizar acciones políticas en un contexto moderno?

A esto se suma la problemática de cómo se desplegaría esa radicalidad de la política, propuesta por Prada, sin una tematización y fundamentación teórica de la política misma. ¿Cómo radicalizar la misma política y desde donde criticar a la modernidad? Al hacer esta pregunta asumo la postura de Quintanilla de que es necesario situarnos en un locus (lugar), para realizar una enunciación teórica, pero también prácticas no-modernas. Por eso es que muchos de los indígenas son radicalmente no-modernos, quizá sin conciencia de ello, pues su racionalidad contiene una lógica que aparece más allá de la modernidad; una racionalidad que la modernidad no puede comprender -y por ello siempre ha tratado de ignorar o desplazar-. En el fondo, su subjetividad, la de los indígenas, está constituida desde una ética distinta.

Por lo tanto, no se trata de pensar y/o radicalizar la política desde marcos lógicos modernos, así como tampoco conducirnos bajo los cánones de la concepción moderna de política. Si aparentemente tenemos una ética radicalmente distinta de la moderna -cuando presuponemos ser críticos de la modernidad- ello no significaría seguir bajo los mismos presupuestos éticos perversos de esa tendencia civilizatoria. De ser así, caeríamos en una contradicción performativa, que en el fondo sería una contradicción ético-existencial. Por ello me parece importante comprender y aceptar el "desde" dónde nos situamos para realizar una crítica a la modernidad y también desde dónde hacemos una política descolonizada y/o en proceso de descolonización.

La última precisión trae consigo un serio problema: si uno se sitúa en el "locus" de lo indígena, la crítica aparece como más radical, pero más cerrada en el sentido de que no admite y/o no contempla a las personas que son medianamente modernas, y peor aún a las que son totalmente modernas. ¿Cómo asumir al otro (que ya no es el indígena ni solamente el extranjero o moderno), cómo asumir al otro que es indígena-moderno o moderno-indígena (el mestizo por ejemplo), que tiene ambas sangres y/o subjetividades contenidas en sí mismo (o el campesino), que pretende vivir bajo la utopía del modelo-ideal-desarrollista?

En el fondo el proyecto de des-colonización -como reconstitución de las culturas y/o civilizaciones- aparece como proyecto educativo de formación de subjetividades que ingresan a una realidad transformada o en proceso de construcción, que ya aparece como diferente a la moderna. Sin embargo, no parece contemplar la posibilidad de pensar una descolonización de subjetividades inmersas ya en a modernidad, lo cual tendría que ser visto como una de los aspectos aún no pensados por Quintanilla.

Para terminar, es necesario enfatizar un poco esta cuestión. La preocupación tiene que ver con el tránsito de una subjetividad moderna a una no-moderna. ¿Cómo hacemos posible que aquéllos que están inmersos en una racionalidad moderna puedan pasar a otro horizonte cultural diferente? Esta pregunta presupone que dicho tránsito hacia otro contexto más allá de la modernidad es necesaria para la vida, pero es justamente la preocupación de cómo es posible que el sentido de una vida en el interior de la modernidad cambie y/o se transforme.

Acá parece que la respuesta sería reafirmar el papel importantísimo de lo que es la descolonización: tratar de que una subjetividad moderna retome su raíz comunitaria y que su racionalidad se despliegue a partir de otro horizonte cultural ya no moderno. El debate entre Raúl Prada y Víctor Hugo Quintanilla sobre Política invita a reflexionar sobre estas cuestiones y a plantear algunas respuestas, para comprender problemáticamente el proceso de cambio en Bolivia, especialmente después de que a raíz del censo del año 2013 el país pasará a ser unos de los contextos latinoamericanos ya no con mayoría indígena.

PUKARA Cultura sociedad y política de los pueblos originarios. N. 90- Febrero 2014 Qollasuyu Bolivia Año 8
http://www.periodicopukara.com/archivos/pukara-90.pdf







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