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Marzo 2010

TRABAJO SERVIL, TRABAJO ASALARIADO Y DESARROLLO INDUSTRIAL.

Acerca de la emergencia de formas de Trabajo Servil

en la Industria de Confección de Indumentaria Argentina.

Javier A. Gonzàlez1

          “La división del trabajo esta limitada por la extensión del mercado”.

          Adam Smith,

                “Un Estudio acerca de la Naturaleza y las Causas de la Riqueza de las Naciones”, (1776).

            “Toda oferta crea las condiciones de su propia demanda”,

Jean Baptiste Say,

Tratado de Economía Política”, (1803).

            “Toda nación que pretenda ser próspera y civilizada debe desarrollar sus propias industrias y capitales financieros”.

                      Friedrich List

“Sistema Nacional de Economía Política”, (1840).


En la presente nota intentaremos hacer observable que la tragedia que enlutó2, en el mes de mayo del 2006, a familias de trabajadores bolivianos reducidos a “servidumbre” en un taller de costura “clandestino”, en el barrio de Caballito de la Ciudad de Buenos Aires, lejos de ser un hecho excepcional guarda íntima relación con los movimientos de las leyes sociales que regulan las relaciones de producción y trabajo, la distribución social del ingreso y las políticas que regulan el tráfico de personas, mercancías y capitales; que en conjunto, constituyen en sí, un modelo de crecimiento y desarrollo industrial concreto que define a la sociedad argentina misma como formación económico-social específica.

En anteriores trabajos hemos hecho hincapié en el carácter internacionalizado de la organización de la producción de la cadena textil e indumentaria a escala global: empresas de alta capacidad financiera hegemonizando las cadenas de comercialización y las tendencias de la demanda –a través de la “marca-logo”- en los centros de consumo de los países centrales “dominan” los diversos sistemas de producción de productos textiles y confección de indumentaria extendidos a escala global del planeta; donde regiones enteras (China, India y el Sudeste Asiático, Turquía, el Medio Oriente y Nor-África y más recientemente México y Centro-América) juegan un papel específico en esta “división internacional del trabajo” dentro del mercado mundial contemporáneo.

Ahora, y en el caso específico de Argentina, nos centraremos en los determinantes internos y regionales de la organización de la industria textil y de confección en nuestro país; pero, sin embargo, nos detendremos a señalar algunos aspectos centrales que organizan la industria textil y de confección de indumentarias que son comunes a nivel global.

A lo largo del devenir histórico moderno la industria textil se ha caracterizado por su protagonismo en la determinación de las instituciones sociales y relaciones técnicas que organizan la producción de una sociedad por entero3. Esto se debe, en gran parte, a que, observada desde las relaciones técnicas, la producción textil-indumentaria organiza un extenso complejo de diversos sistemas productivos, que comienzan desde las actividades primarias mismas (algodón, lana, seda y otras fibras naturales), y a que siempre fue altamente demandante de los últimos adelantos de la ciencia y de la técnica, tanto en la producción de maquinarias (primera en generalizar la aplicación de la máquina a vapor, la mecanización y luego la automación en la hilandería, teneduría y bordado) como de los desarrollos químicos (tinturas y otros) y, posteriormente, de los nuevos materiales productos de la petroquímica (fibras sintéticas) –y en un futuro cercano, seguramente, del desarrollo de la biotecnología-. O sea, a través de sus requerimientos directos e indirectos de Trabajo Manual, Técnico y Científico y de Capital la rama textil-indumentaria se concatena con casi todas las actividades productivas e intelectivas y, si, a su vez, tenemos en cuenta el destino masivo de su producción y, por lo tanto, asociamos las tareas de servicio necesarias para la distribución y comercialización de sus productos en el mercado, bien podemos decir que está enlazada orgánicamente a la economía en su conjunto.

Ahora bien, si observamos como se organiza socialmente la producción, circulación, distribución y consumo; -o sea, como se desarrolla la “cadena de producción y apropiación de valor”- en estas industrias, en la actualidad, pueden señalarse la existencia de cuatro grandes estructuras de relaciones sociales:

1) capital financiero – trabajo asalariado: “grandes corporaciones financieras de capital asociado”, con dirección y gestión profesionalizadas, enlazan a profesionales asalariados -y sus auxiliares- destacados a la realización de tareas en el ámbito de la producción y circulación de bienes intangibles (publicidad, marca-logo), “planeamiento de estrategias de mercado”, “dirección, coordinación y desarrollo de proveedores y canales de venta”, “desarrollo e investigación de nuevos productos”, “estrategia y dirección financiera”, etc. La escala de sus negocios (nacional, regional o internacional) sólo está limitada por la masa de capital que disponen para poner en circulación.

2) capital comercial – trabajo asalariado: “empresas comerciales de capital individual o familiar” que emplean trabajadores asalariados en las tareas de compra-venta de mercancías y logística-transporte-despacho de las mismas. Pueden ser independientes pero en forma creciente se encuentran subsumidas a las corporaciones financieras; ya sea a través del enlazamiento directo vía el mecanismo de franquicias –y el consiguiente pago de regalías-, el pago de alquileres en los principales centros de venta (shoppings)4 o a través de la competencia en el mercado y el creciente dominio de éste por parte de corporaciones financieras verticalizadas (con sus propios canales de venta) y la fuerte presencia de sus “marcas-logo”.

3) capital industrial – trabajo asalariado de obreros industriales – régimen fabril: aquí la forma que asume la empresa capitalista guarda relación en gran parte con la rama industrial específica y la escala de producción. Los eslabones iniciales de la cadena productiva, hilandería y tejeduría, son ramas altamente tecnificadas capital-intensivas; aquí son hegemónicas, en forma creciente, las “grandes corporaciones financieras internacionales” frente a las “grandes empresas de capital individual o familiar de escala nacional”. Tanto en unas como en otras lo distintivo es que el proceso productivo está regido por la “máquina y la línea de producción” que enlaza a los obreros industriales. En el eslabón final de “confección de prendas de vestir” y sus múltiples tareas la maquinización del trabajo ha sido relativamente baja en los últimos 150 años; ésta es una rama trabajo-intensiva con rendimientos constantes a escala por antonomasia, donde el conjunto de trabajadores y sus oficios y capacidades en una suma simple de tareas sigue siendo el sujeto central del proceso productivo. Así, en las diversas ramas del sector de “confecciones de prendas de vestir” es dominante la presencia de “pequeñas y medianas empresas” que trabajan a pedido de las empresas comerciales; sean estas grandes o pequeñas. En menor medida, pueden encontrarse “grandes talleres manufactureros” que trabajan a pedido pero a escala mundial o propiedad de corporaciones financieras verticalizadas con sus propios canales de venta.

4) producción mercantil – artesanado - “trabajo a domicilio”: el antiguo artesanado que produce para el mercado fue siendo eliminado paulatinamente frente al dominio del mercado por la producción capitalista. La modalidad de los “talleres manufactureros” de delegar parte de las diversas tareas (corte, estampado, bordado, confección, terminación) y subtareas de la producción de “prendas de vestir” al trabajo de artesanos (trabajador que posee el oficio) y sus familias fue construyendo la histórica institución del “trabajo a domicilio” por subcontrata a pedido y “pago a destajo” y que en nuestro país esta regulado por la Ley 12.713 que data de 1942.

5) “trabajo asalariado informal, en negro o servil”-: de diferente carácter es la relación de trabajo cuando el “trabajo a destajo” simplemente esconde relaciones salariales de subordinación de los trabajadores a “empresas manufactureras” –que eluden la legislación laboral- u a otros trabajadores o “subcontratistas” que detentan el “pedido o contrato de la empresa”. Estas “cadenas de explotación” o de “búsqueda de rentas sobre el trabajo de otros” pueden concatenarse en cascada y, en mayor o menor medida, estar organizadas hasta reducir a “servidumbre” a un amplio conjunto de trabajadores. Constituyen las diversas modalidades de “tercerización de la producción y el trabajo” que mediatizan las relaciones laborales y son asumidas en el ámbito público (político, empresarial y académico) como “trabajo asalariado no registrado”. En sí constituyen un ejército de “obreros supernumerarios”, flexible a los ajustes y coyunturas del ciclo económico, alimentado constantemente por la presión de los desempleados urbanos y las poblaciones rurales emigrantes y desprovistas de sus condiciones de vida según avanza la producción capitalista y la mecanización de los trabajos agrícolas en el campo5.

Este conjunto de estructuras de relaciones sociales en la producción y circulación de los productos no sólo organizan a la sociedad en su conjunto en estos ámbitos; sino que, a su vez, determinan la posición de los hombres en la distribución social del valor agregado producido socialmente. O sea, las leyes sociales que determinan la distribución y asignación de recursos para el consumo y el papel de cada sector social en el proceso de acumulación de capital están determinadas por aquellas que rigen la organización de los hombres en los momentos de la producción y circulación.




Es de allí que producción y circulación, distribución y consumo se autodeterminen mutuamente y encuentren mutuamente sus límites. La creciente segmentación de los mercados entre “productos suntuarios” o de “calidad diferenciada” y productos de “consumo estándar o básico” tiene su raíz en la misma estructura social de la distribución del ingreso que brota desde la estructura social de la producción. Pero, a su vez, la acelerada organización social de la producción y la circulación tiene como límite la misma distribución regresiva del ingreso, donde masas crecientes de trabajadores ven reducido paulatinamente su consumo a lo básico para su subsistencia y, por momentos, por debajo de este nivel. La concentración de la riqueza y la centralización del capital tiene su reverso en la extensión de las condiciones de pobreza entre los trabajadores y sus familias.

De allí, que en la fase contemporánea del capitalismo los obstáculos a la realización de la ganancia en el mercado, -esto es, la posibilidad de realizar los volúmenes de ventas planeados a los márgenes de ganancia estimados previamente-, superan a las dificultades técnicas y de organización de la producción. En esto se sustenta que el capital financiero y comercial subordine al otrora dominante capital industrial. La “cadena de valor” se domina, gobierna, controlando o guiando las tendencias de la demanda y los canales de comercialización dejando a la extensa y compleja red de productores industriales y sus trabajadores asalariados, independientes o “serviles” competir “libremente” por la asignación de la producción.

En el período histórico que va entre 1945 y el primer lustro de la década del ’70, tanto en Argentina como en el mundo, las políticas macroeconómicas dirigidas al pleno empleo y la extensión de los derechos laborales y sociales, -conocidas bajo el rótulo de “Estado Benefactor” o “populismo”- y las políticas proteccionistas que regulaban el movimiento de capitales y mercancías amortiguaban, en parte y al interior de los estados nacionales, estas tendencias a la concentración de la riqueza y centralización de los capitales.

La pirámide de la distribución del ingreso era sustancialmente más equitativa y, por lo tanto, el mercado era hegemonizado por el consumo masivo de bienes básicos para la masa de trabajadores con salarios relativamente altos. Bajo este paradigma de mercado la producción en masa y el régimen fabril eran dominantes y la resolución de sus obstáculos la prioridad; -de allí que tanto los niveles de inversión productiva como de crecimiento de productividad del trabajo industrial en ese período casi duplicaran a las presentes en la actualidad, tanto en Argentina como en las grandes economías centrales6-. La producción de mercancías tenía preponderancia sobre la circulación de las mismas.

Ya a 30 años de desmantelamiento paulatino de estas regulaciones estatales y políticas no sólo se han acelerado estas tendencias a la concentración de la riqueza y centralización del capital al interior de cada una de las sociedades, sino que, a su vez, se han reordenado internacionalmente los procesos productivos y establecido la posición de cada país en la distribución del “valor excedente producido socialmente a escala global” y las condiciones de vida generales de sus trabajadores. Refuerza este movimiento el hecho que las mismas políticas de liberalización del tráfico internacional de mercancías y dinero no hayan sido extendidas a la circulación de personas; sino todo lo contrario, las políticas de migración y residencia en los países centrales tienden a endurecerse selectivamente en el presente. El reverso del actual endurecimiento de las políticas migratorias, tanto en EE.UU. como Europa, está en la extensión y firma de los Tratados de Libre Comercio (TLC) con áreas como Latinoamérica y África, donde la industria de la confección de prendas de vestir y otras ramas trabajo intensivas juegan un papel central. Para que la actual política estricta de “división internacional del trabajo” tenga condiciones de reproducción en el tiempo los diferenciales existentes en el nivel de salarios de unas y otras sociedades deben tender a su perpetuación. Y esto sólo puede ser logrado instaurando un régimen estricto de migración y residencia a nivel global que haga cautivas a las masas empobrecidas del mundo a los límites de sus fronteras y permita a las “corporaciones financieras” obtener rentas arbitrando entre esos diferenciales de costos y salarios como forma dominante de acumulación y valorización del capital.

Desde esta perspectiva, puede sostenerse que el “orden mundial” actual tiende a reducir los espacios de “movilidad social” que caracterizaron al capitalismo otrora en la historia; tanto a nivel global entre regiones, naciones y estados como al interior de cada una de las sociedades entre clases, sectores, etnias y culturas. En sí, el capitalismo contemporáneo tiende a construir un complejo orden mundial de “sociedades estamentales” –esto es, con estamentos sociales jerarquizados crecientemente estáticos-; y, de esta manera, el mismo “descontruye” las condiciones que le dieron origen a su nacimiento: la “sociedad burguesa” sustentada en la “propiedad individual” y la “movilidad social”. De allí que, sin atentar y cambiar radicalmente las estructuras mismas que dan sustento al carácter reaccionario de la alta concentración de la propiedad y la riqueza en el “Estado Moderno bajo la hegemonía del Imperialismo”, la consigna política dominante actualmente, “Crecimiento con Equidad”, es cuanto menos una fantasía o un instrumento de dominio propio del “cinismo y oportunismo político”.

Acerca de la Emergencia del Trabajo Servil en la Industria de la Confecciòn

                  “Los trabajadores de la producción material rutinaria, que a mediados del siglo XX percibían buenos salarios, ahora se debaten en la indigencia”.

          Robert B. Reich,

Secretario de Trabajo de Bill Clinton.

En el presente apartado observaremos las condiciones particulares de desenvolvimiento de la industria textil-indumentaria argentina desde 1993 y las causas internas que llevaron a la “involución”, “desarticulación” y “desindustrialización” de la cadena productiva en nuestro país y la “emergencia del trabajo servil”. En la anterior parte, de la cual la presente es continuación, dimos cuenta del conjunto de estructuras de relaciones sociales que organizan la “cadena de producción y apropiación de valor” en sus 4 momentos: producción, circulación, distribución y consumo. Y de allí sostuvimos que en la fase contemporánea del capitalismo los obstáculos a la realización de la ganancia en el mercado, -esto es, la posibilidad de realizar los volúmenes de ventas planeados a los márgenes de ganancia estimados previamente-, superan a las dificultades técnicas y de organización de la producción. En esto se sustenta que el capital financiero y comercial subordine al otrora dominante capital industrial. La “cadena de valor” se domina, gobierna, controlando o guiando las tendencias de la demanda y los canales de comercialización dejando a la extensa y compleja red de productores industriales y sus trabajadores asalariados, independientes o “serviles” competir “libremente” por la asignación de la producción.

Este es un movimiento general a escala global donde incluso estas estructuras de relaciones se organizan internacionalmente. Corporaciones financieras hegemonizando las cadenas de comercialización y las tendencias de la demanda –a través de la “marca-logo”- en los centros de consumo de los países centrales “dominan” los diversos sistemas de producción de productos textiles y confección de indumentaria extendidos a escala global del planeta; donde regiones enteras con excedentes de mano de obra y bajo nivel de salarios (China, India y el Sudeste Asiático, Turquía, el Medio Oriente y Nor-África y más recientemente México y Centro-América) juegan un papel específico en esta “división internacional del trabajo” dentro del mercado mundial contemporáneo.

La tesis principal que desarrollaremos en la presente nota es que estando la industria textil-indumentaria argentina sólo colateralmente enlazada y subordinada a este proceso global igualmente replica la misma estructura a su interior. En una cadena productiva que sigue siendo principalmente mercado internista los determinantes y movimientos del mercado de trabajo y la distribución social del ingreso son dominantes sobre aquellos factores externos. Los movimientos generales del mercado interno de consumo devienen de aquellos en la distribución social del ingreso y estos son manifestación de la organización social de la producción.

Segmentación del Mercado Interno de Prendas de Vestir e Indumentaria


En los últimos 30 años las tendencias generales al estancamiento de las fuerzas productivas sociales –desindustralización- y a la concentración de la estructura productiva en sectores capital-intensivos productores de materias primas e insumos industriales generalizados para la exportación tienen su manifestación y contrario en el agudo proceso de regresión de la distribución social del ingreso con caída del nivel general de salarios reales, emergencia de altos niveles de desempleo abierto y subocupación de la mano de obra y precariedad de las instituciones que regulan el mercado de trabajo. Desde la misma organización social de la producción se ha construido en un proceso una “sociedad dual”, una segmentación profunda en las condiciones de trabajo y de vida entre aquellos que se encuentran insertos o enlazados al movimiento de lo “orgánico” –la producción social capitalista y el Estado- y aquellos “expulsados” del anterior y que sólo intermitentemente se enlazan con el mismo como “estrategia de supervivencia”.

En lo que concierne al mercado interno de prendas de vestir y confecciones este proceso de segmentación social del mercado de consumo no sólo repercutió en una profundización de la diferenciación de los productos en calidad y precio según segmentos sino también en la caída general del nivel de consumo agregado (ver Cuadro N°1).

Según se fue reduciendo el nivel de ingresos de los sectores populares el consumo de prendas de vestir fue paulatinamente saliendo de su canasta básica de consumo. Para estos sectores la indumentaria fue constituyéndose en un “bien durable” sólo asequible por eventual acumulación de ahorros y, de allí, altamente sensible a los movimientos generales del nivel de sus ingresos. La pequeñez relativa del mercado de bienes de primera calidad, acorde a estándares de calidad y marcas internacionales con alta rotación según los cambios de estación y la moda, destinada a los sectores sociales acomodados no compensa la caída en cantidades del “mercado de bienes básicos” pero si incrementa sustancialmente su participación en valor en los niveles de consumo y producción agregados.

Desarticulación de la Cadena Productiva Textil - Indumentaria

La demanda de insumos textiles –fibras, hilados y tejidos- es una demanda derivada del consumo de prendas de vestir y confecciones textiles en general. A partir del segundo lustro de la década del ´70, la industria textil argentina –y sus grandes empresas emblemáticas, Grafa, Sudamtex y Alpargatas, entre otras, que se desarrollaron bajo el modelo de especialización en la producción masiva de bienes indiferenciados para el consumo básico de una clase trabajadora con ingresos crecientes- entra en una profunda crisis de estancamiento según la segmentación del mercado de prendas de vestir maduraba y, principalmente, la caída del nivel general de salario real de los trabajadores disminuía. En los ´90, bajo el modelo de Convertibilidad –revaluación de la moneda con tipo de cambio fijo- y apertura comercial unilateral la exposición de estos sectores a las importaciones en un mercado con clara tendencia al ajuste (ver Cuadro N° 1 y N° 2) redundo en una crisis terminal con desnacionalización de empresas y cierres de las plantas industriales más grandes e integradas.



De esta manera, el Valor Agregado a precios constantes del Sector Textil en el 2005 sólo representaba el 40% del registrado en 1974 –el mayor de la serie histórica-; o sea, una caída cercana al 2% anual durante 30 años. Al considerar la cantidad de bienes textiles producidos por habitante, dada una tasa de crecimiento de la población superior al 1,5% en el período, la magnitud del proceso de “desindustralización textil” se acrecienta. Como indicador de este deterioro tenemos que la Argentina presentaba en el año 2000 un consumo per capita de fibras textiles, insumo básico de la industria de tejidos, de 7,8 kg. por debajo del promedio mundial –8 kg./h.- y muy lejos del presentado por las economías desarrolladas –22 kg/h.-.

El Factor Externo Cuadro N°3

Esta generalizada la imagen construida socialmente de que las importaciones, en general, y que las de origen asiático, en particular son determinantes en la explicación de la “emergencia del trabajo servil” en la manufactura de confecciones de prendas de vestir. Sin embargo, esta imagen es en gran parte falsa por vía doble: las participación de las importaciones de prendas de vestir en el mercado interno no superó el 10% en los momentos de mayor atraso cambiario entre el 2000-2001 (ver Cuadro N°3) –incluso aceptando una posible subfacturación de las mismas su incidencia no puede tomarse como sustancial en la explicación del fenómeno- y la mayor parte de estas importaciones estuvieron relacionadas a confecciones de algodón con origen en Brasil, principalmente (ver Cuadro N°4).








Sí las importaciones de productos textiles –insumos de la confección de prendas de vestir-, como ya mencionamos, tienen una alta incidencia en la desarticulación y desindustrialización de la cadena. La participación creciente en el mercado interno de las importaciones de productos textiles (ver Cuadro N°3), incluso a posteriori de la fuerte devaluación del peso en el año 2002, refleja que las pérdidas de capacidad productiva de un sector altamente capital-intensivo como éste no se resuelven con “devaluaciones competitivas”.

La “apertura comercial o externa” ha tenido influencia sobre la construcción de un modelo de país segmentado económica y socialmente. Pero, sin embargo, al afirmar su incidencia directa sobre los procesos de “precarización de las instituciones que regulan el mercado de trabajo” se ocultan otros factores que tienen tanta o mayor influencia sobre la emergencia del fenómeno; empezando por la propia política de “flexibilización de la legislación laboral” y siguiendo por las políticas macroeconómicas, tanto fiscales como monetarias, que mantienen el nivel de actividad por debajo del nivel de pleno empleo de los factores productivos y una estructura impositiva de neto carácter regresivo, sumados a la falta de una política industrial y comercial estratégica y sostenida a largo plazo. Es la incidencia de estos otros factores los que determinan que la “precarización” de las relaciones laborales en el sector de confecciones de prendas de vestir se haya agudizado, -y no lo contrario-, a partir de la recuperación del ciclo industrial ascendente a partir de octubre del 2002 –y a pesar que disminuyó la exposición del sector a las importaciones-.



Cuadro N°5

Distribución Social del Valor Agregado en el Sector y Segmentación del Mercado de Trabajo


El proceso general de “deflación de precios y salarios con caída de los niveles de producción y empleo” que vivió la economía argentina desde el tercer trimestre del ’98 fue sustancialmente profundo. En el caso de la industria de confección de prendas de vestir redundo en caídas, entre 1998 y el 2002, de alrededor del 60% en el consumo y la producción –ver Cuadro N°1 y N°2- y cercanas al 15% en el caso de precios y salarios del “sector formal” –ver Cuadro N°5-. Bajo el rígido esquema macroeconómico de la Convertibilidad el sector productivo –tanto empresarios como sus trabajadores- asumían en completo el ajuste de la demanda agregada, encontrándose los sectores de “servicios no transables”, el sector comercial y financiero, liberados en gran parte de tal ajuste.

Como puede observarse en el Cuadro N°6, en la distribución del valor agregado producido por la industria manufacturera de prendas de vestir el pago de servicios comerciales y rentas financieras –bajo la forma de interés o pagos de publicidad y regalías por “franquicias de marcas-logo”- entre 1997 y el 2001 incrementó sustancialmente su participación en detrimento del sector trabajador, en general, y de los trabajadores asalariados “formales”, en particular. El incremento relativo de la “ganancia comercial” y “la renta financiera” adquiere mayor magnitud si tenemos en cuenta que aquí sólo estamos midiendo la participación de estas categorías en la producción, como pagos realizados por el sector industrial a estos sectores “a pie de fábrica”, y no en el momento de la circulación y la venta al consumidor final –donde se realiza la mayor parte de la ganancia del sector comercial y financiero-.

A partir de la devaluación de la moneda en enero del 2002 y hasta octubre del mismo año, período de fuerte ajuste de los precios relativos, la ganancia industrial eleva sustancialmente su participación en el valor agregado del sector gracias a la caída del salario real –tanto de los trabajadores “formales” como “informales”- como a la caída del ingreso real del sector financiero –por “pesificación” de sus acreencias-.

Desde octubre desde el 2002 hasta el 2005, afianzado el ciclo de recuperación de los niveles de producción precrisis motorizado por la recuperación de la demanda agregada, lo sustancial es el incremento de la participación de los trabajadores asalariados “formales” en detrimento de la remuneración relativa de los “empresarios industriales”.


Cuadro N°6

Sí, en el período mencionado, los trabajadores organizados sindicalmente del sector de confecciones han obtenido incrementos de sus salarios en términos reales; o sea, superiores tanto en relación al incremento de los precios de bienes al consumidor como al propio incremento de los precios mayoristas promedio de la confección de indumentaria. En el mismo período los sectores de “trabajadores a domicilio” y el amplio conjunto de trabajadores no registrados –que contiene desde “trabajadores asalariados en negro” hasta “trabajadores bajo relaciones serviles”-, sin representación sindical o política y bajo la competencia despiadada que plantea la “cola del desempleo” y la necesidad de medios de vida, sufrieron una abrupta disminución de sus ingresos reales. En gran parte, puede afirmarse que la “explotación” de los “trabajadores serviles” es la fuente de valor y riqueza “oculta” que permitió al sector de confecciones de prendas de vestir absorber el incremento de costos resultado de la dolarización del precio de los insumos textiles y el incremento de salarios del sector de trabajadores formales sin incrementar en igual medida sus precios –ver Cuadro N°5-.

En el presente, cerca del 65% de los trabajadores del sector se encuentra bajo relaciones laborales precarias, sin representación u organización de sus intereses y con niveles de ingreso que rondan, por arriba y en algunos casos por debajo, las condiciones mínimas de subsistencia. Bajo diferentes formas de “trabajo a destajo” simplemente se esconden relaciones salariales de subordinación de los trabajadores a “empresas manufactureras” que eluden la legislación laboral u a otros trabajadores o “subcontratistas” que detentan el “pedido o contrato de la empresa”. Estas “cadenas de explotación” o de “búsqueda de rentas sobre el trabajo de otros” pueden concatenarse en cascada y, en mayor o menor medida, estar organizadas hasta reducir a “servidumbre” a un amplio conjunto de trabajadores. Constituyen las diversas modalidades de “tercerización de la producción y el trabajo” que mediatizan las relaciones laborales y son asumidas en el ámbito público (político, empresarial y académico) como “trabajo asalariado no registrado”. En sí constituyen un ejército de “obreros supernumerarios”, flexible a los ajustes y coyunturas del ciclo económico, alimentado constantemente por la presión de los desempleados urbanos y las poblaciones rurales emigrantes y desprovistas de sus condiciones de vida según avanza la producción capitalista y la mecanización de los trabajos agrícolas en el campo –actual extensión de la frontera agrícola “sojera” en el Este Boliviano, el Chaco Paraguayo y el Norte Argentino-.

Desde esta perspectiva, la realidad económico-social de la industria manufacturera de confecciones de prendas de vestir es sólo una imagen aumentada de un proceso general que hace que, en la Argentina actual, el 50% de los trabajadores asalariados se encuentren bajo diversas formas de “trabajo no registrado”. Estos trabajadores constituyen un amplio sector social que despliega trabajo productivo que es fuente de riqueza para la sociedad por entero; pero, sin embargo, se encuentra “expulsado” del Mercado de consumo de mercancías, del Estado y de la Sociedad.

En el siguiente apartado expondremos las consecuencias que tal precarización de las relaciones laborales tiene sobre el sendero de crecimiento y desarrollo industrial a largo plazo y el papel central que históricamente ha jugado sobre estas dimensiones, en un análisis internacional comparado, la cadena productiva textil-indumentaria.

La Influencia de la Emergencia del “Trabajo Servil”

sobre el Desarrollo Industrial

Hemos expuesto con anterioridad las causas generales y particulares de la emergencia de formas de “Trabajo Servil” en la industria de la confección de nuestro país.

Entre las primeras se encuentra el movimiento general -que recorre el mundo- de concentración y centralización de la riqueza que determina que en el capitalismo contemporáneo el capital financiero y comercial subordine al otrora dominante capital industrial. La “cadena de valor” se domina, gobierna, controlando o guiando las tendencias de la demanda y los canales de comercialización dejando a la extensa y compleja red de productores industriales y sus trabajadores asalariados, independientes o “serviles” competir “libremente” por la asignación de la producción. Este movimiento general se combinó en nuestro país con un acentuado proceso de “desarticulación” y “desindustralización” de la cadena textil durante los ’90 y una constante y creciente masa de trabajadores divorciados de toda condición de subsistencia a escala nacional y regional –expulsión del campo por extensión de la frontera agrícola de la soja y la maquinización del trabajo agrícola-. Como resultado de la combinación de estos procesos luego de la reversión del ciclo industrial a partir de octubre del 2002 la relaciones laborales de carácter “precario” sean tornado hegemónicas dentro del régimen de producción de la rama (en el 2005 el 40% de los obreros de la rama se encuentran bajo diferentes de grados de formas “serviles” de trabajo y otro 25% bajo formas de “trabajo a domicilio”).

Hemos discutido también la imagen construída socialmente sobre la influencia del factor externo –las importaciones de origen asiático- sobre la emergencia del fenómeno y hemos dado evidencia empírica sobre el carácter secundario del mismo (las importaciones de confecciones, cuyo origen es principalmente Brasil, sólo participan en un 10% sobre el valor de la mercancías consumidas en el mercado interno). La “apertura comercial o externa” ha tenido influencia sobre la construcción de un modelo de país segmentado económica y socialmente. Pero, sin embargo, al afirmar su incidencia directa sobre los procesos de “precarización de las instituciones que regulan el mercado de trabajo” se ocultan otros factores que tienen tanta o mayor influencia sobre la emergencia del fenómeno; empezando por la propia política de “flexibilización de la legislación laboral” y siguiendo por las políticas macroeconómicas, tanto fiscales como monetarias, que mantienen el nivel de actividad por debajo del nivel de pleno empleo de los factores productivos y una estructura impositiva de neto carácter regresivo, sumados a la falta de una política industrial y comercial estratégica y sostenida a largo plazo. Es la incidencia de estos otros factores los que determinan que la “precarización” de las relaciones laborales en el sector de confecciones de prendas de vestir se haya agudizado, -y no lo contrario-, a partir de la recuperación del ciclo industrial ascendente a partir de octubre del 2002 –y a pesar que disminuyó la exposición del sector a las importaciones-.

Luego de este breve repaso sobre las causas ahondaremos sobre las consecuencias que esta degradación o involución de las relaciones laborales hacia formas “precapitalistas” –relaciones no salariares- tiene sobre el sendero de desarrollo económico y el perfil industrial y comercial del país.

Primero, la organización social de la producción y la circulación -propia del capitalismo en su etapa de desarrollo de las fuerzas productivas- tiene como límite la misma distribución regresiva del ingreso que contrae la extensión del mercado interno en términos agregados, donde masas crecientes de trabajadores ven reducido paulatinamente su consumo a lo básico para su subsistencia y, por momentos, por debajo de este nivel. La concentración de la riqueza y la centralización del capital tiene su reverso en la extensión de las condiciones de pobreza entre los trabajadores y sus familias. La creciente segmentación de los mercados entre “productos suntuarios” o de “calidad diferenciada” y productos de “consumo estándar o básico” tiene su raíz en la misma estructura social de la distribución del ingreso que brota desde la estructura social de la producción.

En segundo término, es la presión creciente al incremento del nivel de salarios de los trabajadores lo que pulsa al sistema a buscar incrementos de productividad organizando y maquinizando el trabajo social. Desde esta perspectiva, los incrementos espurios de productividad vía la sobreexplotación del trabajo humano bajo formas serviles –y sin capacidad de organización gremial o representación de sus intereses- es a mediano y largo plazo un freno al desarrollo de las fuerzas productivas.

En tercer término, en gran parte unido al anterior, los incrementos espurios de productividad vía la sobreexplotación del trabajo humano bajo formas serviles disloca el sistema de competencia, incentivos y asignación de recursos entre empresas de un mismo sector y entre sectores. Se constituye en gran parte en una forma de competencia desleal entre empresas de un mismo sector –dando como resultado una “selección adversa” de empresas, de aquellas más eficientes en el manejo de resortes ilegales y extraeconómicos y no de aquellas más competitivas desde el aspecto de la eficiencia productiva- y de ruptura de los equilibrios o la tendencia a la igualación de la tasa de ganancia entre sectores –dado que aquellos sectores cuyo procesos de producción, desde el punto de vista técnico, son más maquinizados, capital-intensivos, estas formas de producción servil sólo colateralmente pueden ser introducidas-.

En resumen, las formas de explotación de trabajo servil, aunque emergentes del comportamiento maximizador de beneficios y oportunista de amplios sectores del empresariado, “subvierten” las bases de la producción y el mercado capitalista, la organización del Estado y la Sociedad en los términos de éste sistema y constituyen un freno al desarrollo de la fuerzas productivas a su interior.

Y aquí debemos volver a la comparación y la diferenciación de los procesos sociales en el tiempo y el espacio; para ubicar estrictamente el caso argentino en el contexto internacional. Distinto es el proceso argentino de involución desde la hegemonía de las relaciones industriales –salariales- hasta este presente de emergencia de formas de trabajo precapitalistas que el proceso progresivo desde las relaciones sociales naturales del ámbito agrario a las industriales -y el consiguiente desarrollo de las fuerzas productivas- en el sudeste asiático.

En la historia y el presente en todo proceso virtuoso de desarrollo de las fuerzas productivas, de industrialización, la cadena textil-indumentaria ha jugado un importante papel como nexo entre el mundo de las relaciones propias de las tareas manuales del campo y las relaciones industriales propias del ámbito urbano; tanto desde el punto de vista de formación y capacitación de las masas campesinas en el régimen fabril como por el papel económico de este sector con sus requerimientos directos e indirectos de maquinaria e insumos altamente industrializados. Por alguna razón -a investigar con mayor profundidad- en todos los procesos de industrialización, en los actuales países desarrollados durante el siglo XIX, al igual que la Argentina de la década del 1930, o el sudeste asiático durante la década del 1970, el desarrollo industrial y capitalista de la industria textil-indumentaria comienza a “hilvanar” el desarrollo industrial de un país.

Podemos observar el siguiente cuadro sobre la evolución de la estructura de exportaciones, del perfil comercial, que en las principales potencias industriales emergentes en el sudeste asiático la dominante participación de las exportaciones textiles va trocando década tras década hacia la hegemonía o dominio de las exportaciones con alto valor agregado e intensivas en capital y desarrollo de conocimiento científico-técnico y capacitación de la mano de obra: máquinas y equipos. Y según se incrementan las exportaciones de alto valor agregado no sólo disminuyen las “trabajo-intensivas” sino también aquellas que están asociadas a alimentar a la población y la industria: materias primas, alimentos e insumos industriales.

Es por ello que no es posible asemejar la emergencia de formas de trabajo servil en Argentina y con aquellas formas similares del pasaje del campo a las relaciones industriales urbanas en el sudeste asiático. Tienen diferente significado en lugar y tiempo. En nuestro país son una “vuelta atrás” desde el punto de vista histórico, político, social y económico en un sendero de involución, exponente de la pérdida de fuerzas productivas y degradación de la sociedad. En el otro caso, son un pasaje momentáneo del campo, hacia un régimen fabril estricto –taylorismo-en grandes empresas organizadas racionalmente y de ahí hacia el desarrollo científico-técnico en términos de sólo una generación; los hijos del campesinado coreano de los ’60 son parte de una potente y organizada masa de trabajadores industriales, técnicos, profesionales y científicos en la actualidad.

La inmensa China sigue el mismo camino, con diez años de atraso con respecto al anterior caso –como puede observarse en el cuadro-. En nuestro país, en la actualidad, los expulsados del campo del norte argentino y países limítrofes son reducidos a “servidumbre” en miles de pequeños talleres “clandestinos”, sin otra organización que los dictados de un “capanga”, trabajando y “viviendo” junto a las máquinas....y a sus hijos.....éstos, ¿qué futuro tendrán?


A modo de conclusión, ahora sí podemos afirmar que se cumplen la leyes generales del “desarrollo desigual y combinado” bajo la hegemonía del Imperialismo -observado éste desde la economía política, como la fase del capitalismo monopolista de estado- descripta por V.I. Lenin. El desarrollo o involución de las fuerzas productivas en vastas regiones del planeta están en relación a las relaciones comerciales y políticas que estas enfrentan con el centro del poder mundial; constituyendo “eslabones de la cadena imperialista” desde el centro hacia la periferia.

El cambio de posición en estas cadenas por parte de Argentina desde 1980 hasta el presente, de aquélla Argentina 7° economía del mundo, a la Argentina Potencia industrial de Perón que desafiaba a EE.UU. hasta el presente régimen de decadencia –de país vencido en la Guerra de Malvinas, de democracia restringida y amplia ocupación por agencias extranjeras en todas sus instituciones- institucionalizado en la Reforma Constitucional de 1994; hace que nuestro territorio dislocado y nuestra población desorganizada sea territorio de disputa entre diferentes pelotones financieros imperialistas. Convirtiendo a la Argentina en el eslabón más débil de la cadena imperialista en el Cono Sur; de allí, la rebeldía de su pueblo, las explosiones sociales recurrentes, en suma, un país que se resiste a ser Colonia dado su orgullo ganado en la historia. Un pueblo decidido a ser libre o arder en el intento. Sólo faltan los dirigentes que actúen en consecuencia.

Buenos Aires, Enero 2010



NOTAS:
  1. .- Arquitecto, Master en Economìa de Gobierno (UdeSA), revistiendo como como Economista Jefe de INTI - Economìa Industrial.
  2. .- En el mes de mayo del 2006 la "opinión pública" argentina fue conmocionada por la noticia de la muerte de 11 mayores y niños en el incendio de un "taller clandestino"; en el cual estos vivían hacinados y reducidos a servidumbre por sus patronos (los cuales retenían los documentos de estos inmigrantes clandestinos entre otros métodos de soyuzgamiento).
  3. .- Puede afirmarse que el concepto mismo de "mercado mundial" fue una construcción histórica entre los siglos XV y XVIII donde el papel central lo cumplía el intercambio de excedentes de la producción mercantil de textiles e indumentaria entre las regiones del Norte de Italia, Norte de Francia y Flandes (Bélgica y Países bajos), Aragón (Barcelona), Medio Oriente y China. A fines del siglo XVIII, la llamada "Revolución Industrial" se inicia en Manchester (Inglaterra) al introducir los "husos y telares mecánicos movidos a vapor"; que, de inmediato, revoluciona las relaciones de la producción mercantil artesanal dando comienzo al sistema capitalista de producción y al sistema internacional de división del trabajo (licenciamiento en masa de los artesanos hilanderos y tejedores en la India Británica y su pasaje a las confecciones en relación al sistema esclavista de plantaciones algodoneras en el sur de EE.UU. como proveedor de materias primas). Por otro lado, salta a la vista que el proceso que construyó a ciudades como París, Milán, Londres y Barcelona como centros de la moda y el diseño mundial se hunde profundamente en el pasado, se mide en siglos y está en relación a un complejo conjunto de capacidades productivas, comerciales y financieras y la alta capacidad de consumo de sus mercados internos.
  4. .- En la Argentina actual los grandes centros de venta (shoppings) que concentran la modalidad de consumo de la población de altos ingresos son propiedad monopólica de la corporación financiera "Inversiones y Representaciones Sociedad Anónima, IRSA"; la mayor empresa argentina en bienes raíces y que cotiza parte de su paquete accionario en las Bolsas de Valores de Buenos Aires y Nueva York.
  5. .- El mundo rural y campesino del Este boliviano, el Chaco paraguayo, el Matto Grosso brasileño y el Noroeste argentino están sufriendo una acelerada revolución con la introducción de la producción del cultivo de soja en grandes extensiones bajo formas tecnificadas modernas -en gran parte en manos de productores capitalistas argentinos y brasileños, principalmente-; es la última extensión acelerada de la frontera agrícola a escala Sudamericana. La expropiación y desalojo de un creciente número masa de campesinos de estas regiones termina en la emigración y su presión sobre el mercado de trabajo a las puertas de los suburbios de Buenos Aires y San Pablo.
  6. .-Ver, "CAMBIOS DE LA ESTRUCTURA INDUSTRIAL 1993-2003, Causas de la Tendencia Histórica al Estancamiento del Desarrollo Industrial Argentino y su posible resolución", Documentos de Trabajo N°1, Marzo 2005, Instituto Nacional de Tecnología Industrial, INTI; por Javier A. González, http://www.inti.gov.ar/pdf/estructura_ind.pdf
En Globalización: Javier A. González

Feb. 2010 Acerca de los Mecanismos Estructurales y Superestructurales de la Dependencia Argentina



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